Muchos esperan en silencio detectar una señal en el ser amado, esperan ser deseados. A otros, lo que los seduce, es sentirse deseados. A otros, nos seduce lo opuesto, sentirse no deseados. A otros, los seduce lo prohibido, lo imposible, lo que no pueden tener.
Para seducir hay que tener la paciencia del pescador; saber esperar el momento exacto.
Seducir tiene sus vueltas; a veces, el amor muere cuando damos nuestro amor por sentado, y renace cuando sienten que pueden perderlo. Nos preocupa mucho que no halla terceros dando vueltas, pero a veces, esos terceros, ayudan a la seducción, la encienden.
{Seducción peligrosa poción que me envenena el cuerpo, me pone al descubierto, amor. Sin defensas, estoy tan propensa al pecado de tu boca que todo esto provoca en mí.}